|
Por
años y de continuo esta revista y varias más, nos
ocupamos en apoyar a tantas iniciativas de nuevas
producciones de pequeños animales como la cría
de caracoles, camarones, lombrices, ranas toro, peces,
además de tradicionales conejos, palomas, carpinchos y
hasta de las publicitadas chinchillas. En todas las
explotaciones, sus cultores siempre invierten 3
capitales más importantes.
1) Dineros en inversiones y publicidad, 2) Tiempos de
crianza y 3) Esperanza de generar productos aceptados
por el público o se exporten y se conviertan en
producciones rentables, ampliables y sustentables por
mucho tiempo.
Pero esto no siempre ocurre. Así como estos loables
pioneros, merecen nuestro apoyo voluntario, también
nos cabe analizar los errores que cometen cuando vemos
languidecer o desaparecer algunos emprendimientos, más
allá de crisis económicas transitadas e inmanejables a
su voluntad Vemos que en general los promotores fallan
cuando hacen mera propaganda de nuevas producciones
que magnifican como panaceas para enriquecer, pero
ocultan publicar los costos y precios de tales
productos que el lector pueda comprobar en el mercado
real, o peor aún cuando el promotor se dice ser el
directivo de asociación, cooperativa, club de
criadores sin fines de lucro, con que oculta su
monopolio de compra vil del producto, dejando a sus
asociados sin otra opción de mercado y desaparecer .
Esa mera propaganda es muy distinta a la publicidad
educativa, que publica los datos clave comprobables,
enseñan al novicio a producir, les asegura la compra
del producto y les cede el uso de su marca para que
vendan directo al comercio, sin monopolios ni
intermediarios ganando el mayor margen del costo a
venta. O sea, no compiten, sino comparten el mercado
con sus coproductores y conforman una gran
distribuidora, donde todos ganan: Productores,
comercio y la gente que así puede consumir un nuevo
producto a todo alcance.
Esa simple estrategia, es la que siempre he aplicado -
nos dijo Italo H. Alquati o don Italo como respetan
con afecto sus lúcidos 80 años, sus colegas y millares
que desde 1.950 visitan su local de información gratis
en Avda. Córdoba 2.470, Buenos Aires y a tranquera
abierta en su cabaña Lanango en Monte Grande, que
inició siendo estudiante al lograr que el Decano de
agronomía y veterinaria le diera 2 machos y 6 hembras
de conejos angora para analizar y rendir informe de la
posibilidad de ser explotado en la Argentina. Le
pedimos nos ampliara más.
Analizó prácticamente todo. La conversión de alimentos
en pelo angora, costos de crianza adaptada y vio que
los precios de compra de hilanderías de EE.UU y Europa
lo superaban 3 á 1 a favor. Rindió ese informe a la
Facultad y lo editó como Manual de Cría del Conejo
Angora. Como los criadores debían invertir en cientos
a miles de conejeras y galpones costosos, creó un
simple juego de moldes que permitió a 3.750
cunicultores que formó en 15 años, premoldear losas y
vigas a muy bajo costo con las que armaron 1,2
millones de conejeras que poblaron con 1,5 millones de
conejos angora partiendo de sus 45 mil descendientes
de 750 ejemplares importados de Alemania y Dinamarca y
criados en su criadero madre.
En 1.965 ya producían 850.000 kg. de pelo angora cuya
exportación le ingresaba al País u$s 20 millones de
dólares, que treparon á u$s 95.000.000 cuando inició
la hilatura del pelo con lana Patagonia. Luego formó
300 tejedores. incluyendo familias criadoras en sus
casas de campo, con su Manual del Tejedor y darles
máquinas de tejer, hilados y modelos, tejían 10.000
espléndidos sweaters angora mensuales, que eran el
delirio de nuestras damas y de las rubias de Nueva
York, donde se exportaba junto a finos paños de alta
costura para modistos líderes de París. Esta granjo
industria fue modelo y copiada por Brasil, Chile,
Uruguay.
Hasta que China alentó la crianza en sus granjas
colectivas donde armaron 15 millones de conejeras
“argentinas” pasando a ser la mayor productora de pelo
angora y conejos del mundo Con su tradición de
exportar a precios menores del costo (dumping) inundó
con pelo barato a los textiles del mundo. Nuestro
Estado no le impuso tasas aduaneras compensatorias y
los textiles locales dejaron de comprar el pelo
nacional. Los criadores debieron liquidar sus conejos
angora y para carnes y pieles pues desde entonces
China plancha los precios mundiales.
Alquati no culpó este derrumbe a China. Vio que era
posible a ese país distante cargar pelo angora en
barcos y llegar a la Argentina luego de 45 días de
viaje intacto y usable. Se preguntó que producto
asiático de venir por barco llegaría inservible.
Huevos ! dijo -.Pero aquí ya existen, le contestaron.
No hablo de huevos de gallinas, sino de codornices
orientales. Le dijeron que estaba loco por su pequeño
tamaño que no podría competir con los tradicionales de
gallinas.
Recordó que antes, tampoco el público usaba sweaters
de lana con pelo angora hasta que los publicitó y
distribuyó. Al estar en venta en las tiendas la gente
los adoptaron. Simple, antes no los usaban porque no
habían donde comprarlos.
.
Se dijo que lo mismo sucedería cuando estos ricos
huevos se oferten en envases que eduquen sus virtudes
al público. Sin dudar tomó aviones y trajo del Japón y
EE.UU las codornices pioneras al País .De las 6 razas
seleccionó la Japónica pura por ser la mayor ponedora
de huevos y con menor consumo de alimento y la Faraona
del mediterráneo europeo de más porte y consumo como
carnicera. A las hermosas blancas, azules y doradas
las derivó a pajarerías de exóticas.
. Supo criar lo
útil y descartar las de colores de fantasía, como hizo
antes con Las Chinchillas cuando en 1.961 incorporó al
País las primeras genuinas gris Azul oscuras, Dark
Blue y descartó las mutaciones de tantos colores
porque no se distinguían de otras pieles. Las
mutaciones ya habían fracasado en Norte América y
Europa y las exportaban por monedas a oportunistas
expositores locales que las usaban para acumular
trofeos en todas las categorías de color y venderlas a
valores centuplicados a novicios atraídos por avisos
de una entidad que las promocionaba como las más
valiosas. Al cabo de 5 años los socios que las criaron
entregaron 5000 pieles a la asociación, esta nunca las
retiró de la Aduana cuando le fueron devueltas por
inválidas por la rematadora Danesa Resultado: Los
asociados perdieron su capital, tiempos y esperanzas .
Ese traspié fue útil a inicios de la chinchicultura
Argentina. Tales promotores debieron adoptar las
descendientes de las 3.339 Dark Blue Tope importadas
por Cabaña Lanango. Y también las jaulas con pisos
bandeja patentadas por Italo, luego de investigar las
chinchilllas donde viven en la Puna Peruana a 4.500 m
de altura cuando vieron que su modelo fue adoptado por
los criadores de todo el mundo al hacer posible la
crianza sanitaria y segura a todo nivel geográfico.
Lanango inició la
exportación exitosa de pieles y abrigos de ejemplares
vivos de sus 1.250 coproductores hasta fines de los años
90, cuando las petroquímicas fabricantes de pieles
sintéticas sostuvieron la campaña anti pieles naturales
con artistas bien pagados pregonando la absurda defensa
animal y ambiental, que irónicamente, ellas contaminan, al
procesar gas y petróleo. Fanatizaron a bandas de jóvenes
que arruinaban los abrigos de usuarias quienes
terrorizadas, debieron adoptar las pieles sintéticas y no
comprar las naturales.
Los precios de todas las
pieles finas se derrumbaron, debiendo los criadores de
todo el mundo incluyendo los nuestros, eliminar
millones de visones, nutrias, zorros y chinchillas.
Estas se dejaron de criar en Norte América. De nuevo
fueron importadas, incluyendo con trofeos, por pocos
dólares para revender a valores centuplicados
pregonando el efecto 1 dólar 3 pesos, que oculta el
bajo
costo beneficio que paga un solo comprador foráneo en
mal llamadas “ventas públicas” adversas al Código de
Comercio que exige en todo remate público la presencia
varios postores que mejoren los precios de las pieles
a los criadores.
|





|